Zapatero ya había ganado al Señor No, político anteriormente conocido como Rajoy, los debates sobre el estado de la nación en 2005 y 2006. Pero ayer no ganó; ayer lo vapuleó. Lo machacó. Lo azotó moral, intelectual y políticamente.
Es posible que Rodrigo Rato llevase años sin recibir tantas llamadas en su móvil como ayer. Cualquier político del PP con un mínimo de sentido común certificó que el Señor No es un producto caducado. Sólo vale para mentir, pero mintiendo no se ganan elecciones. Así que en el PP emitieron ayer una sentencia unánime: Delenda est Mariano.
En los libros de historia de España que estudiarán los nietos del Señor No, su abuelo ocupará sólo un pie de página. Pero será un texto doloroso. Las palabras serán aproximadamente las siguientes:
Engañó a los españoles al ocultar la verdadera dimensión de la catástrofe ecológica provocada por un petrolero llamado Prestige, que embarrancó frente a las costas de Galicia. Engañó a los españoles al asegurar el 13-M de 2004 que tenía la “convicción moral” de que la matanza de Atocha la había cometido ETA, y nunca se disculpó ante los ciudadanos por su moral equivocada. Pronunció un discurso en el Congreso, en julio de 2007, donde aceptó convertirse en altavoz de la entonces activa organización terrorista ETA.
Y es que, efectivamente, el discurso de ETA regresó ayer al Congreso. Y lo hizo por boca del Señor No. Él sabrá por qué ha decidido difundir la versión de los terroristas sobre el fallido proceso de paz como si fuera la verdad revelada. Él sabrá por qué ha optado por pedir las “actas” de las reuniones entre ETA y el Gobierno, una petición mitad ocurrencia mitad ignominia que jamás ha realizado ningún político moralmente sano. No ya en España, sino en ninguna parte del mundo que haya vivido un conflicto terrorista.
El Señor No, político anteriormente conocido como Rajoy, dejó ayer en el Congreso una imagen de enterrador (con todo el respeto para quienes ejercen dicha profesión). En cuanto otea un muerto en el horizonte, se excita. Supongo que porque piensa que ello le garantiza el regreso al poder. Da igual que sea ETA, el Líbano o el 11-M, lo único que pone al Señor No es el terrorismo. Zapatero intentó debatir sobre economía, y el Señor No replicó: “ETA”. Zapatero intentó debatir sobre política social, y el Señor No contestó: “ETA”. Zapatero intentó debatir sobre ampliación de derechos, y el Señor No respondió: “ETA”. Zapatero le retó a explicar qué le ofende de la Educación para la Ciudadanía, y el Señor No repitió: “ETA”. Esa fue su machacona cantinela: ETA, ETA, ETA. Centenares de veces. Hasta la náusea.
Lo dicho hasta ahora ya demuestra la catadura moral (ninguna) del personaje. Pero hay más. Es ciertamente ruin que el Señor No culpase de su célebre frase sobre los “hilillos de plastilina” del Prestige a “un técnico” que le pasó un informe. Y es ciertamente ruin que el descubridor de que “ETA es una gran nación” tuviese el atrevimiento de mencionar un lapsus verbal de ZP. Pero el señorito es así.
El hecho de que el discurso más ignominioso del Señor No coincidiese con un ZP más incisivo que de costumbre, agrandó la sensación de vapuleo. Eso sí, yo no me conformo. Yo quiero más. Así que aquí va una humilde petición a ZP: la próxima vez, dale más duro.